Acta Bilbao 14/11/11

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El pasado 17 de Noviembre se celebró una asamblea abierta en el teatro La Fundición de Bilbao con asistencia, no muy nutrida, pero que incluía representantes de prácticamente todos los sectores de las Artes Escénicas. Allí se dieron cita gestores de espacios escénicos, compañías, programadores, intérpretes, técnicos, y también, algún miembro del público y de la crítica.
Había sido convocada en coordinación con la red social #CCAhora, que tiene como finalidad servir de canal de comunicación entre las diferentes Comunidades Creativas con el resto del sector y el público de las Artes Escénicas. Estas reuniones buscan constituirse como un espacio periódico de reflexión y acción frente a los retos que afectan a todos los involucrados.
La reunión fue precedida por una emotiva exposición realizada por Xexus Ron de la Cía. Chévere sobre la sala Nasa de Santiago de Compostela que se ha visto obligada a cerrar después de 19 años de implicación cultural y social debido a los recortes –y agresiones- de unos representantes políticos al compás de la actual coyuntura socioeconómica.
Después, los participantes dieron rienda suelta a sus impresiones sobre la situación que se está viviendo en el sector. Resumimos a continuación, de manera no literal, las diversas ideas expuestas:
Existe una preocupación generalizada por la invisibilidad de este sector al que nadie reconoce su importancia. Si ya la Cultura ha sido la gran ausente de los discursos políticos de la pasada campaña electoral, las Artes Escénicas son percibidas por la sociedad como como una actividad secundaria y subvencionada que no merece protección. La realidad es que muchos otros sectores productivos reciben ayudas de la administración para sostenerse. Se llama subvención a lo que se debería llamar “ayuda a la generación de empleo”.
El hecho es que el ámbito de la creación escénica se siente particularmente débil. Depende de políticos que cambian cada cuatro años y que hasta ahora no lo han entendido como parte de un tejido propio al que hay que reconocer y apoyar, o como una actividad necesaria que construye espacio social y crea ciudad, sino que han tomado otras opciones de imagen que les dan réditos. Los espacios escénicos privados, las llamadas salas alternativas, son tan necesarias como los teatros públicos. Sin embargo, a menudo son ignoradas o tratadas como competencia desleal. ¿por qué asumimos que ciertos espacios como, por ejemplo, el Guggenheim son imprescindibles y las salas pequeñas no lo son?
La situación de las compañías no es mucho mejor. Funcionan como estructuras verticales prácticamente insostenibles y tendentes a la desaparición ya que no dan
para vivir o como un modelo agotado. Los creadores, obligados a una producción periódica, quedan diluidos entre programadores y espectadores. La inmensa mayoría no reciben subvención. El teatro es caro y las giras no son rentables.
Para actores y actrices los tiempos también están difíciles aunque eso no sea nuevo. Experiencias de otras Ciudades y Comunidades Autónomas nos transmiten la sensación de que nos dirigimos hacia un terrible desencanto. En el ámbito estatal, la nueva realidad es que muchos ayuntamientos deben dinero a compañías, las salas se cierran y los festivales desaparecen.
Al mismo tiempo, los participantes de la asamblea se mostraron conscientes de que esa dependencia del dinero público es lo que les hace frágiles y de que se han descuidado relaciones más horizontales. Si el problema es el dinero habrá que buscar otras estructuras que no dependan tanto de él. Debe reconocerse el valor económico y la importancia de los imaginarios. Al final, hay otras cosas tan necesarias como el dinero, por ejemplo, las ideas.
Se empiezan a vislumbrar otras formas de gestión, otras formas de funcionamiento al margen de la subvención. Las compañías, las salas, los artistas, los creadores, los técnicos, los generadores de opinión y el público son Comunidades Creativas que pueden funcionar como organismos más vivos.
Se plantearon distintas ideas como crear un tejido desde el cual generar comunidad y recursos compartidos; ¿qué significa crear tejido? Significa reconocer esa comunidad creativa que genera miradas contrapuestas y cubistas, ampliar la participación, permitir que intervengan otros agentes en la gestión, que la responsabilidad de los espacios y de las compañías no recaiga en un equipo reducido; que el propio público se implique en los proyectos incluso a la hora de programar, que todos los niveles de las artes escénicas puedan trabajar en red…
De todo ello y de propuestas concretas se seguirá hablando en la próxima reunión el día 14 (¿?) de diciembre.
Elena Bezanilla, directora de escena y Cristina Ortiz, actriz.

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